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Comedores al Aire Libre
Comer afuera cambia el ritmo de cualquier reunión. La luz, el aire y unos minutos menos de prisa hacen que la mesa se convierta en el lugar donde todos se quedan un rato más.
Para que un comedor exterior funcione, lo primero es el tamaño: una mesa debe dejar al menos 60 cm de espacio libre por persona sentada, y otro tanto alrededor para que las sillas se puedan correr sin tropezar con una jardinera o el borde de la terraza.
Después viene la textura. Combinar un tablero de madera o cerámica con sillas de líneas más ligeras —como las de marco metálico y cojín independiente— evita que el conjunto se vea pesado, incluso en espacios pequeños.
Un centro de mesa discreto, como un jarrón de fibras naturales con flores secas, aporta calidez sin quitarle protagonismo a la comida. Y si el comedor recibe sol directo al mediodía, una sombrilla o pérgola liviana hace toda la diferencia para poder usarlo también de día.